Entre anafres y molito: mujeres poblanas alimentan a peregrinos rumbo a la Basílica
- Mary Poblano

- 8 dic 2025
- 1 Min. de lectura
A un costado de la autopista México–Puebla, en el municipio de Coronango, se vive una de esas escenas que recuerdan por qué la tradición sigue viva.

Ahí, entre el ruido de los autos y el paso constante de peregrinos, Ana Paula y su nuera Patricia encienden un anafrito para calentar molito de espinazo con elotes, un platillo casero que hoy se convierte en fuerza y refugio para quienes caminan rumbo a la Basílica de Guadalupe.
La comida está destinada a la peregrinación de jóvenes de San Sebastián Villanueva, Acatzingo, quienes emprendieron el viaje a pie, con fe y cansancio a cuestas, rumbo a la Ciudad de México.

Mientras el molito burbujea, las dos mujeres reparten platos calientes y palabras de ánimo
.“Ellos vienen con fe y nosotros ayudamos con lo que tenemos”,
comenta Ana Paula mientras aviva el carbón del anafre.
El gesto, sencillo pero poderoso, se ha vuelto una postal recurrente en estas fechas: familias poblanas que, sin importar la distancia, acompañan a los peregrinos con comida, agua y un pedacito de hogar.






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