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2 DE OCTUBRE: NI PERDÓN, NI OLVIDO

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MC Noticias en Puebla
hace 3 horas
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2 DE OCTUBRE: NI PERDÓN, NI OLVIDO | Por Arturo Loyola González


Lo vivimos. Lo sentimos. Lo peleamos. Por eso no se nos borra.

 

Quienes estuvimos en el movimiento del 2 de octubre de 1968 llevamos esa masacre tatuada en la memoria. No fue un exceso. Fue la coronación de una época de salvajismo de Estado, de un autoritarismo que entendía la disidencia como un delito que se pagaba con la vida.

 


Y hoy nos preguntamos: ¿dónde estaban los que hoy gobiernan cuando las calles eran sangre y las cárceles se llenaban de jóvenes?

 

Estaban ahí, sí, pero del otro lado. Militaban en el partido oficial, aplaudían al régimen.(con sus excepciones como lo es el de la presidenta Claudia Sheinbaum)       


Hoy solo se cambiaron de siglas. Se lavaron las manos con la misma sangre que dicen condenar. Se destiñeron los colores del PRI para pintarse de guinda.

 

Esa sangre era de cientos de miles: estudiantes, maestros, obreros, campesinos, profesionistas, amas de casa. Gente que solo quería un México mejor, un México libre. Gente a la que sus madres, sus padres y sus hermanos siguen llorando, porque la ausencia no prescribe.

 

El 2 de octubre nos enseñó que la represión era la única respuesta de un gobierno sordo. Y por eso mismo, paradójicamente, fue una de las aportaciones más valiosas a la democracia mexicana. De ese dolor nació la conciencia.

 

Pero no aprendieron.

 

La noche del 26 y la madrugada del 27 de septiembre de 2014, en Iguala, el Estado repitió su manual infame. 43 jóvenes de Ayotzinapa fueron cazados y entregados por policías municipales de Iguala, Huitzuco, Cocula y Tepecoacuilco al crimen organizado para ser torturados, ejecutados, descuartizados y calcinados. Con la mirada cómplice del 27 Batallón de Infantería. Seis más fueron ejecutados por orden directa del entonces coronel José Rodríguez Pérez, hoy ascendido a general por este régimen.

 

La investigación es clara: crimen organizado, Ejército, policías estatales y municipales. Todos coludidos.

 

Y lo más miserable: han lucrado con los muertos. El actual gobierno federal hizo de Ayotzinapa una bandera de campaña y, una vez en el poder, la convirtió en una farsa. Prometieron verdad y justicia y entregaron mentira e impunidad. Como con todas las masacres, la promesa de esclarecer se pudrió en el archivo.

 

Nos dicen que todo está mejor. Es falso.

 

Hay desesperanza. Hay incertidumbre. Lo que hay es ineptitud, complicidad, corrupción, saqueo y traición. No cumplieron nada. Lo empeoraron todo. Y a eso, en cualquier parte del mundo, se le llama traición al pueblo.

 

Por eso, hoy como ayer, exigimos castigo a los culpables. Alzamos la voz contra la mentira, el engaño y la demagogia de un gobierno que predica odio y vive del resentimiento.

 

Hoy como ayer, exigimos que estos crímenes no se repitan y, sobre todo, que no queden sin castigo.

 

¿Cómo presumir seguridad cuando no se puede garantizar la vida? ¿Cómo hablar de justicia cuando se abraza al criminal bajo el pretexto de que "también son seres humanos"? Han olvidado para qué fueron electos. La política de abrazos y no balazos no fue un error, fue un fiasco criminal.

 

Por nuestras vivencias. Por los jóvenes del 68. Por los 43 de Ayotzinapa. Por los caídos de Aguas Blancas. Por todas las vidas y libertades perversamente interrumpidas. Y por todo lo que nos falta por conquistar:

 

¡2 de octubre no se olvida!

¡Ayotzinapa no se olvida!

¡Aguas Blancas no se olvida!

 

¡Ni perdón, ni olvido!

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